martes, 14 de mayo de 2019

Albúmina

Con la alegría cayendo como lava,
cuando el temblor exacto de este momento
consciente de su inmanencia
se deshace en una soga que no conduce a la lujuria ni a las flores,
escucho como un sol destartalado de mayo
me interroga por mi máscara:
adónde la perdiste, por qué decides hoy
posar descalza y desinhibida
como la hoja del abedul al fondo del río,
por qué abandonar el lugar de la carne
que te dictan tus muertas,
por qué olvidarte de los espejos
y caminar con la piel en camisa
como el áspid en acoso continuo de luto.
Hoy no me duele el barro con que escupes mi mano tendida,
hoy no puede dolerme tu desprecio
ni la autosuficiencia con que pretendes conquistar un mundo
que tiñes de sombras engangrenadas.
He decidido ser una molécula inservible
en el centro del ojo que me mira,
un ápice de aire,
una brizna de azúcar en el corazón del hastío.
Hoy eres tú quien no me alcanza
la altura transparente de la boca.

I. Martínez Poyatos

martes, 7 de mayo de 2019

ALEJANDRA


Cubre la memoria de tu cara con la que
serás y asusta a la niña que fuiste.

Alejandra Pizarnik



Desnuda como un cirio
en esta realidad desordenada
que me deja la ausencia de ojos
Para abismo con el mío
tengo bastante
pero te empeñas en arrancar tu voz
te empeñas en burlarme tu cuerpo
eres la avara del corazón sombrío
que me esconde los relojes
y el muro incandescente
Otros instantes este mismo instante
de yegua dolorida
de tecla desvencijada
sin aguja de marear
ni equilibrio posible
De dónde sale toda esta luz
que me tiñe el cerebro de hojas muertas
Alejandra por dónde se mata aquí el invierno
Y solo escucho las telarañas de tu boca
incrustándome los dientes hasta la herida

I. Martínez 

La próxima


En mi próxima vida, me vestiré de fiesta los domingos
y saldré a pasear contra tristeza 
por las calles vacías y tus ojos,
para quitarte la manía de que los séptimos
son días más aciagos que los primeros.
Ataré con un lazo tus sueños, en mi próxima vida,
para que no se escapen delante de nosotros
a jugar en los parques donde nos dimos tantos besos.
En mi próxima vida, grabaré tu apellido en mi rodela,
me pondré la armadura y saldré a cabalgar
imitando a los locos en mi caballo moribundo,
y salvaré del hombre al universo.
El tiempo irá tan lento, en mi próxima vida,
que tendrá tu sabor la primavera; me acostaré
en el pasto sin horas de tus labios y abrevaré mi sed en ellos.
En mi próxima vida, seremos tan felices
que parecerá espejismo que hubiéramos vivido
anteriormente otra vacía y sombra, tan sin nosotros,
y la verdad que soplaba en mi oído  
—ignoro si fue en Roma o en Florencia,—
el viento que me dictó el otoño de tus ojos
me preñará de nuevo las pupilas,
ese día sin fin de nuestro encuentro,
ese día sin fin de mi próxima vida.


I. Martínez Poyatos

lunes, 6 de mayo de 2019

Los tinder-poetas

Por ética, estética y poética
no leo a con-sagrados
que frecuenten los bares,
a leyendas que exhiban recitales,
slams o microabiertos,
tampoco si encarcelan
a mujeres en verso,
y menos si van de malpoetas
siendo solo aprendices cantacuartos.
Y por supervivencia
ya sé diferenciar
a los versolibristas
de los versoliguistas,
y a los besipatéticos
de los multicopistas.
Solo admito poetas
que citen a mujeres
que los dejaron
para crecer.
Pero, cuidado, admito sus poemas
solamente, y nunca más abajo
de la mente, que yo no me los trago.
A ver si aprenden de una,
y es por todas, que la lírica
no deshace fronteras
ni ayuda a cruzar Braga.

I. Martínez

domingo, 5 de mayo de 2019

Laña

Hoy se me ha vuelto laña
entre pegamento paréntesis
                                                    hueco

Por más que lo volteo
lo mastico lo pro-
ceso
solo encuentro una errata
que casa ayer y luego
que cose ausencia
voz llaga
llama

I. Martínez Poyatos

sábado, 4 de mayo de 2019

Renuncia

Voy a dejar el juego
de los versos
Para qué sembrar
gorriones que se mienten
oropéndolas
Para qué nacer
un mar
si el universo más hermoso
solo quiere ser
piedra
Para qué los centímanos
las clepsidras
el unicornio
y los caballos de madera
Para qué Babilonia
los jardines
Para qué sí sí
si el universo ya era más
hermoso cultivo de nuncas
y tú has granado tu risa
abriendo la rosa de jamás
cuando quise escuchar
túparasiempre

I. Martínez Poyatos

jueves, 2 de mayo de 2019

No sabe el mar que llora

¿Morir ahora que empiezo a comprenderte?
Como la retina cercenada por la prisa,
sin otra motivación que tu lengua en su perenne oficio de terca juglaresa,
la muerte se te escapó de pronto por los ojos
y, sin que pronunciaras mi nombre
o el oráculo aciago que sé desde el principio,
mi oído fue ese caldo primigenio donde todo sería posible
si otra vez, si alguna vez de veras,
dios decidiera existir para nosotros
y creara contigo, milagroso habitante,
esa quinta estación inexistente
donde yo siempre sueño inviernos de yeguas alazanas
y gatos que mudan de color en el arte solar de los espejos.
Fueron tus pupilas mi último verbo,
me miraste tan hondo
que no existieron Chernóbil ni Hiroshima
y todas las pequeñas sensaciones que había acumulado,
amores que se partieron al caer tan profundos,
odios que se fundieron al surgir de tan alto,
bellezas inimaginables que apenas alcanzaba a predecir
inundaron de agua todos mis resquicios
y tuve que besarte en mi poema.

I. Martínez

martes, 30 de abril de 2019

PRIMERO DE MAYO


Por más que luego te lamentes y lo escribas,
con un tamiz de impúdica nostalgia,
y, aunque dentro de un año,
vuelva a lucir la primavera
su vestido de flores, nunca más
—óyeme con el látigo afilado—
volverás a tacharte primero de mayo de dos
mil diecinueve,
—y lo sabes—.
Eres del miedo tan obtuso
que caminas irremediablemente  uno
de esos errores irredentos y aciagos,
terminas de matar la esperanza
de una mirada limpia
dispuesta a medirte tan solo
tus milagros más altos,
a transitar sin miedo
tus brutales caídas,
a encontrarles sentido
a tus bellos tropiezos,
y a hacer crecer las rosas más ciertas
de un pasto de cenizas,
o a inventar un invierno
para el último amor que te atrevieras a crear.
Pero tú ya lo sabes,
por más que luego te lamentes y lo escribas,
has dejado morir tu primero de mayo de dos,
de uno,
de cero.



I. Martínez

lunes, 29 de abril de 2019

La visita

El pasado 8 de abril, tuve el acierto y la dicha de asistir a uno de los #LunesdeLírica que organiza el Ámbito Cultural, donde descubrí con admiración y entusiasmo que el magnífico actor Pepe Viyuela es además un fabuloso poeta, encaminado y acicateado certeramente por el gran Manolo Romero.
Además de disfrutar del recital que dieron a dos voces; de aprender cómo una catástrofe puede en líricas manos sabias convertirse en elegía al padre y canto a la infancia y a los sueños (gracias Manolo); y de rendir homenaje final al inolvidable e inolvidado Pepe Hierro, tuve la osadía (yo, que he recitado en público dos veces, y siempre entre minorías amistosamente favorables) de asaltar su micrófono abierto. Aquí os dejo el resultado -no hagáis caso de mi pulso zigzagueante-.
¿El premio? La benévola acogida de los dos  recitantes, su abrazo y palabras de aliento, el amable aplauso de un público amante incondicional de la poesía, y el trabajo de los organizadores, que se tomaron la molestia de inmortalizarlo y difundir el resultado (¡no saben lo que han hecho!).
Desde aquí todo mi cariño y agradecimiento para Pepe Viyuela, Manolo Romero, la cuadrilla del Centro de Poesía José Hierro, Gonzalo Escarpa, Gervasio y Pita, por hacer del encuentro una fiesta inolvidable.




domingo, 28 de abril de 2019

DESPABÍLATE

No. Por más que te lo creas
la finalidad de mi vida
no es hacer que tu ego
alcance la altura de mi olas.
No me siento perdida
ni lloro en los rincones
las horas que no estuve contigo.
No bebo por tu culpa,
no escribo acróstico tu nombre
en mis sueños más densos,
no pienso en ti
ni compro ropa cara
para que me desvistas.
Solo te lo diré una vez:
tu voz no es la medida de las cosas,
tu boca no dicta mis tiempos,
tu cuerpo es tan defectuoso
o tan perfecto como miles de cuerpos
y eres tan listo y tan tonto
como cualquiera.
Hace tiempo que dejé de ser Casandra,
y Medea, y Dido, y Penélope.
Nunca he sido Electra ni Ifigenia,
ni Inés, ni Lucrecia.
No seré Proserpina
ni Eurídice ni Progne
y de la católica
solo llevo el nombre.
Deja ya de leer,
en serio,
sal de tu caverna,
las mujeres de hoy
somos de otra calaña
incluso las de España.
Bájate de las nubes,
rebájate los humos
y, después, si te queda aún aliento,
entonces… ¡espabila!
y cuéntame otro cuento.

I. Martínez


sábado, 27 de abril de 2019

Vota, vota, la pelota...

En un país que se ufana
de trabajar a desgana
donde reinan las prebendas
que desvalijan la hacienda.
Id, id a votar...
                              ¡Mañana!

I. Martínez

jueves, 11 de abril de 2019

Amamos la poesía

No conocía la iniciativa y me parece maravillosa.
Os enlazo la web del proyecto Amamos la poesía de Condé Nast Think, para más información. Usan la etiqueta #amamoslapoesía en las redes sociales e invitan a participar a todos los amantes de la poesía.
Para abrir boca, enlazo uno de los vídeos, el poema "Si el hombre pudiera decir", de Los placeres prohibidos de Luis Cernuda, con el magnífico recitado de Israel Elejalde.
Merece la pena quedarse un rato a ver todos.
Enhorabuena.

















Más info sobre Luis Cernuda:
https://cvc.cervantes.es/actcult/cernuda/default.htm

sábado, 30 de marzo de 2019

Mar

Que no se apague nunca
la hidrópica promesa de tu sangre
de pronto, acariciando el tiempo.
Desiertos de mi ser en ambición continua
de tu oasis sin rumbo,
de tu corriente ancha,
de tu voz infinita haciéndose despacio
en todos los espacios del amor,
especias orientales de tu otoño de Indias.
Soy mar
o presunción de sal en llanto
si susurras mi nombre
o te alojas al fondo,
en mi misterio blanco,
y soy toda mi sed
que te persigue.


Isabel Martínez Poyatos

sábado, 23 de marzo de 2019

Micropolipoético o microdelirio

Uno a cada lado de la línea comenzaron el duelo haciendo restallar en el aire las palabras. El modernista, cursi y anaftalinado, blandía su látigo con "lirio", "madrigal", "rododendro", "princesita", "eclipse", "nifea"; al otro lado, el marxista espetaba palabras cargadas de sentido, con un tufillo rancio a palabra gastada que no había perdido sus ansias de justicia: "compañero", "capital", "opio", "alienación", "valor", "mercancía", "dinero".
Antes de que ninguno fuera herido llegó el rey con un ejército de burócratas, enarbolando la bandera de la ley que prohibía los duelos y la verdad.

I. Martínez

miércoles, 20 de marzo de 2019

Soy lenta como el mundo

                                                      FIRST VOICE:
                                                      I am slow as the world. I am very patient
                                                    
Sylvia Plath


Mientras una mujer guarda silencio, otra,
por mí desconocida, se cercena los miembros
y elige su destino. Hay docenas de mundos
en mi mundo y, sin embargo, con cada amanecer
se muere un rumbo que me oculta.
Quisiera que mis alas fueran hermosas
yeguas doloridas que galopan exhaustas
por imprimir la luna en los ocasos,
pero la piel es densa.

Grito la noche.

Ayer, mi juventud como un pájaro herido
inclinó la cabeza hacia la nada
y observó que su fe era una espina
que separaba el tiempo a la mitad.
Hoy, los cuartos me amparan, ¡clarividencia!,
algo susurra que los sueños retornan
la mujer fragmentada comprende que la lengua
no iguala sus funciones.
¡Abajo los relojes!
¡Que vuelen las moléculas vibrantes
que aprietan impacientes la razón!
Tuve miedo. La sombra en el espejo
se fingía ser yo, buscando verso adentro
la imagen que perdió cuando me interrogaba.

El día de mi canto, me vestí de unos labios inmensos,
para cerrar los ojos de la lluvia,
me negué a aquel fantasma de la boca vacía,
sirviéndoos en bandeja el universo.
Antes, había invocado las serpientes; las manzanas
me pendían del pecho, era el preciso instante en que los puntos
cardenales me eran adversos.

Nadie entendió el motivo.
Cumplí doscientos años.
Podría ser un sueño, pero allí me observaba
la sombra de mis vidas
con sus doscientos pliegues al borde de la boca,
clamando sigilosa las palabras. 

Nadie entendió que, lenta como el mundo,
necesito dos vidas para inmolarme.

I. Martínez