miércoles, 6 de marzo de 2019

Cernuda

Dejas la ventana entreabierta
y mis locas campan a placer por mi casa.
Como en Cernuda el deseo,
el silencio se me antoja
una pregunta interminable,
la cuestión más abierta
justo detrás del Big Bang
y de la explosión de suicidios de las rosas.
Las locas de que hablo habían convivido
lo menos una década sin grandes aspavientos;
un antojo, tal vez, de tanto en tanto,
un pequeño espectáculo y sin ruido,
un algo intrascendente.
Pero hete aquí tú, funambulista,
sonámbulo de los desequilibrios,
caballo de alas negras
y verbo submarino.
¿Qué me has hecho otra vez?
¿Por qué no cierras ya las puertas?
¿Por qué me invitas a admirarte
en torbellino o tormenta,
mientras me dislocas las locas
que dormían?

I. Martínez

domingo, 3 de marzo de 2019

Espejismo

Vivo en un espejismo de relojes,
donde las manecillas son tenazas al rojo
que amordazan el grito
de reses en espera paciente de martirios.
Me crece en el estómago
su insistencia de virus,
carcinoma o presidio,
y doy vueltas y vueltas
y siempre la misma esfera
-del sol o de la luna-,
y siempre el cristal al frente,
espejo averiado que deforma mi carne,
corazón barranco abajo,
ensangrentado de minutos y de días.
I. Martínez



                                    






Teseonotese, t.mx.-tela, 92x73, 2001-2003, obra de Mateo Santamarta
http://mateosantamarta.blogspot.com/2010/11/oscar-wilde-de-profundis_20.html 

sábado, 2 de marzo de 2019

Lo que no dices

No importa que no digas.
Saberte en una esquina respirando,
pensarte caliente y vivo
como un astro lejano que me alimenta
ya es un triunfo del día.
También yo practico la paciencia
de las tribus que viajan,
de los hombres que señalan sus rutas
en la piedra, soñando imágenes de ciervos vencidos.
Las flechas que imagino
a veces son agujas de entomólogo,
y yo, entre las sábanas, extraña mariposa nocturna
prendida en esta espera,
observando en sus giros ocultarse
la Tierra detrás del horizonte,
mientras la noche inventa claridades,
atentos los ojos de mis alas
a la única disección que me interesa:
el corte profundo de tu boca en mi vuelo.

I. Martínez

Clavileña


Me gustaría preñarte los fantasmas
con mis alas de versos  besos,
bautizar con mi nombre tus espinas,
para que vueles aún más alto;

ser parte en tu mono       m
                                 c         
                                    r          a 
                                      o   
                                                   n   
                                          m            ía,

Clavileña en la estrella de tus días aciagos
y sembrarte esperanzas multiton(t)o.
Pues juntos, créeme, no serás muchos menos
que cuando estás tú solo
con el montón de muertos que te habita.

Déjame vivirte un poco,
disfrutarte a placer (pa la de ar te)
viéndote convertir en mariposas
las termitas cansadas de las cárceles.

¿Cómo no ambicionarte la clepsidra
si he sido tu dipsómana indomable?
Quiero ser la caníbal de tu carne,
vampira de tu tinta,
la musa que te holle y te desarme,
ingrávida de verse mejorada
(tanto Rubens ya cansa)
—fictiva en el papel—
furtiva, toda piel, en tus palabras.

I. Martínez

viernes, 1 de marzo de 2019

Ánfora


Miro tu cuerpo al filo del tiempo,
donde soy iceberg meciéndome en sus ondas,
y repaso los márgenes claros
donde me vi temblar.
Desnuda en sus fronteras soy un ánfora antigua
rescatada del fondo en que me hundía;
y explorando mis bordes, un tesoro escondido
del barco que te espera anónimo,
varado en los largos pasillos de la nada.
Solo tu beso nos salva de la muerte.

I. Martínez

Pulsiones

En el pulso de hoy has latido muchas veces en mis manos,
y dentro de mis ojos,
y en mi boca;
has latido en el pasado que olvidaba,
en el que desconocía,
en las esquinas de las calles ardiendo de injusticia;
has latido en mis dedos, un momento,
y en el aire que estaba respirando,
y por qué no decirlo en la piel sonrosada
de mis pechos, un instante, lascivo,
en el que imaginé otra realidad menos vacía,
otro mundo más hombre,
más leal, más honrado,
más individual,
más tuyo.
Más tuyo y, quizá, mío.

I. Martínez

Alud de tus caballos enloquecidos

Leo, leo, leo
el alud de caballos enloquecidos
que brota de tu herida,
el grito quemante con que alumbras
esta pequeña esquina del mundo;
paladeo lo mismo la savia y el vómito,
la rabia y la dulgencia.
No perdonar el culto a la manada
ni la genuflexión de los corderos.
Correr hasta expulsar el cáncer por la boca.

I. Martínez

De solerías y brevenades

I
Mi corazón o el pasto de las llamas.
No escucho la llamada de los acantilados
ni me duelen los pies cuando caminan
lejanías.

II
El silencio o ese nardo de carne
que flota sin sentido hacia el ayer
viste mi olvido de noche inacabada.

III
Alzo mi copa por los días que no van a volver
y estrellan su obstinación contra el cristal cansado
de su honda letanía.
Fragor del metal contra la rosa.

IV
Conmigo la razón cuando ya no la busco
y siento mis verdes manos
brincar como la sangre
y un rugir de caballos que se alejan.

V
Antes de balbucir la misma excusa
me cortaré las manos
ante la nada.

VI
La niña en el espejo
vislumbraba la sombra que sería
y arrojó la manzana.
En fuga, perseguía al conejo
y la ilusión de la luz.
No leyó la última palabra.

I. Martínez

RUNAS

La mujer tiene un sueño.

No despiertes.

Corre las cortinas con delicadeza; se desliza del lecho y lo arropa. Se diría que es un pájaro y ella la jaula.

Si el amor no te cabe en el cuerpo, el fuego consume rincones. Podría empezar por los pies y hacer esclavitud de tu mano extendida; aunque, casi siempre, lo hará por las vísceras ciegas: estómago o corazón. Aparentemente, nadie nota las llamas; pero tú, mujer, sabes que al deseo no se le dan los secretos.

Ella, una granada temblando contra el aire.

¡Peligro! El sueño abre los ojos.

Ella se mira allí, en el dolor del mar. Ve sus ciudades derruidas y los primeros habitantes resistiéndose a agotar el sonido. Escribe.

Paladearía milenios en tu boca; exprimiría edades sin otro calendario; cosería mi nombre a tu garganta, con tal que no me pronuncies más amor que el silencio.

I. Martínez

Excesos

¡Tanto exceso de sueños sin alas!
La noche se me está volviendo pájaro
cuando mi cuerpo es la jaula que se ahoga
y me late tu eco en la garganta y me lo callo,
que me duelen los retrasos de las vidas por venir,
porque no llegas.

I. Martínez

jueves, 28 de febrero de 2019

Alguien debería detenerte

Disparas tu verdad como un cuchillo
y nadie te detiene, y a quien quieres matar
campea impávido, inmune a tus palabras;
y yo, que grito en este bando
tu misma sangre herida,
me estoy muriendo a borbotones,
con los versos abiertos
del napalm de tus manos.

I. Martínez

viernes, 15 de febrero de 2019

Prestidigitador del Norte

Estás haciendo magia
y de estas pequeñas piedras que yo era,
de estos despojos sentimentales que empezaban a callarse,
de esta madeja de fracasos enhebrados
con el sudor de tantos sueños perdidos,
estás haciendo un canto;
prestidigitador del Norte,
enciéndeme las alas
y hagamos juntos un incendio ambicioso
de la Tierra que purifique el mundo
de hastíos y banderas
y echemos a rodar con las gaviotas
una explosión de yeguas enamoradas.

I. Martínez