Todos los días suena el despertador. Nos levantamos. Él se marcha a trabajar; yo me quedo en casa. Al principio me encantaba la perspectiva de pertenecerle: íbamos a ser felices, tendríamos un hijo, yo cuidaría de que todo estuviera correctamente, de alimentar al gato, de mantener un orden.
Ahora me sigue fascinando el momento en que él me besa en el umbral y me desea un buen día. Yo vuelvo a mi rincón. Escucho cómo gira la llave: una vuelta, otra vuelta, otra vuelta más. Cinco, creo; son cinco vueltas en total.
Las persianas están programadas para levantarse justo al terminar la última vuelta de la llave. Se abren a media altura y puedo contemplar el bloque de enfrente. Hay un árbol delante de la ventana, parece un olmo, con un espeso ramaje que alberga a varias familias de palomas. Sí, palomas, creo que son palomas. A veces, sueño que no son palomas, que podrían ser jilgueros, o cuervos, o que no hay pájaros en ese árbol y, a pesar de todo, escucho sus gorjeos, sus conversaciones sin palabras. Otras, se convierten en personas que me tienden la mano.
El sueño dura el resto del día, la visión de la calle sólo tres minutos y cincuenta y cuatro segundos, coincidiendo con la canción Who wants to live forever que le sirve de fondo orquestal. Me costó siete años lograr el consenso y ahora empieza a cansarme la melodía, pero no se lo digo, por si se enfada.
Del tema de los hijos ya no me quejo. En realidad es un alivio no haberlos tenido, supondrían demasiado trabajo todo el día. Además, mientras pasan las horas y permanezco en mi "pequeño albergue", sola en la oscuridad, sin distracciones, puedo comprender los milagros de la naturaleza y de la vida: analizar cómo va cambiando el sol su altura, día a día, y predecir cómo se irá retrasando la amanecida, o cuándo decidirá el jardinero iniciar la aspersión; suponer si se habrán mudado los de enfrente o si estarán de vacaciones. Llevo la cuenta de múltiples sonidos y los interpreto a mi antojo: el paso de los coches, los niños que juegan en el parque, el oficial de correos cuando empieza su turno y se despide del compañero. Estoy contenta porque soy dueña de los pequeños detalles que nunca importan a ninguno.
Sobre mi última petición, aún no me ha respondido. Se la recuerdo todas las semanas, desde hace dos años, pero aún no he logrado convencerle de que abra también la ventana. Tiene miedo de que grite, lo comprendo, pero le he prometido no hacerlo. Creo que no cederá, mientras no me crea. Por eso, hoy he tomado la decisión de pedirle que me corte la lengua, así podré sentir la brisa y, con suerte, quizá se me acerque algún pequeño insecto o se cuele alguna mosca y podamos compartir algunas horas.
I. Martínez
lunes, 13 de julio de 2009
jueves, 9 de julio de 2009
El Callejón del Gato
Miro el cuchillo y el filo
ni ríe, ni se inmuta,
si la mente le traza caminos
inexistentes.
Me apoyo en el abismo
y abro los ojos:
veo un jardín y tardes imposibles,
calientes, lentas nubes
y pájaros llorando.
Parpadeo
y el pálpito desnudo
del arte de mi sueño
bordea aquel juguete:
la mente y sus espejos.
Desaparezco el cuchillo
y llega el hambre... Nunca
hubo jardín.
Ay, pequeñez de sangre
enclaustrada en tus cápsulas de arena,
rompe el surco, rebate la condena,
muerde vida...
Abraza el espejismo
o calla para siempre.
I. Martínez
ni ríe, ni se inmuta,
si la mente le traza caminos
inexistentes.
Me apoyo en el abismo
y abro los ojos:
veo un jardín y tardes imposibles,
calientes, lentas nubes
y pájaros llorando.
Parpadeo
y el pálpito desnudo
del arte de mi sueño
bordea aquel juguete:
la mente y sus espejos.
Desaparezco el cuchillo
y llega el hambre... Nunca
hubo jardín.
Ay, pequeñez de sangre
enclaustrada en tus cápsulas de arena,
rompe el surco, rebate la condena,
muerde vida...
Abraza el espejismo
o calla para siempre.
I. Martínez
miércoles, 8 de julio de 2009
El interior de una "sala de maternidad" de estrellas
Pues sí, gracias a los vídeos y fotos de la ESO, podemos viajar al interior de nuestra galaxia hasta la nebulosa Omega, una zona donde nacen estrellas abundantemente, que, además, está llena de estrellas supergigantes azules.
A disfrutarlo!
Si os colocáis sobre la imagen aparece un cursor para que comencéis a visualizar el vídeo. Si no lográis verlo bien, al fin de la página está el enlace a la web de la ESO (Organización Europea de Astronomía).
codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=8,0,0,0"
width="100%" height="100%" id="movie">
Credit: ESO, Digitized Sky Survey 2, Panther Observatory, R. Gendler and A. Fujii. Music by dogstar. http://www.eso.org/gallery/v/Videos/Nebulae/vid-25a-09_FLASH.flv.html
A disfrutarlo!
Si os colocáis sobre la imagen aparece un cursor para que comencéis a visualizar el vídeo. Si no lográis verlo bien, al fin de la página está el enlace a la web de la ESO (Organización Europea de Astronomía).
codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=8,0,0,0"
width="100%" height="100%" id="movie">
Credit: ESO, Digitized Sky Survey 2, Panther Observatory, R. Gendler and A. Fujii. Music by dogstar. http://www.eso.org/gallery/v/Videos/Nebulae/vid-25a-09_FLASH.flv.html
Who wants to live forever
Hoy va de música. Os pego un vídeo de Queen y os pongo la letra, para que la disfrutéis.
Letra y música están compuestas por Brian May para la película Highlander (Los Inmortales), 1986.
WHO WANTS TO LIVE FOREVER
Theres no time for us
Theres no place for us
What is this thing that builds our dreams yet slips away
From us
Who wants to live forever
Who wants to live forever....?
Theres no chance for us
Its all decided for us
This world has only one sweet moment set aside for us
Who wants to live forever
Who wants to live forever?
Who dares to love forever?
When love must die
But touch my tears with your lips
Touch my world with your fingertips
And we can have forever
And we can love forever
Forever is our today
Who wants to live forever
Who wants to live forever?
Forever is our today
Who waits forever anyway?
Letra y música están compuestas por Brian May para la película Highlander (Los Inmortales), 1986.
WHO WANTS TO LIVE FOREVER
Theres no time for us
Theres no place for us
What is this thing that builds our dreams yet slips away
From us
Who wants to live forever
Who wants to live forever....?
Theres no chance for us
Its all decided for us
This world has only one sweet moment set aside for us
Who wants to live forever
Who wants to live forever?
Who dares to love forever?
When love must die
But touch my tears with your lips
Touch my world with your fingertips
And we can have forever
And we can love forever
Forever is our today
Who wants to live forever
Who wants to live forever?
Forever is our today
Who waits forever anyway?
lunes, 6 de julio de 2009
Celebraciones
Hoy vengo a celebrar con los sepultureros
-que, a pesar de la crisis,
conservan su trabajo y les sobra fortuna-
que, por otra vez, al menos,
no somos el muerto.
I. Martínez
-que, a pesar de la crisis,
conservan su trabajo y les sobra fortuna-
que, por otra vez, al menos,
no somos el muerto.
I. Martínez
De sueños
Me inquieta la muerte de la luna
-una vez cada mes-
que deja tanta noche
para nadie.
La oscuridad sueña caballos
que me miran.
I. Martínez
-una vez cada mes-
que deja tanta noche
para nadie.
La oscuridad sueña caballos
que me miran.
I. Martínez
El hombre-llave
GRÁMATICA PARDA
Composición
Compuestos ortográficos
Inicio un nuevo y apasionante apartado: "Gramática Parda" (lo sé, soy poco original y creo que me copié de Juan García Hortelano, qué le voy a hacer, no soy un genio), donde espero aportar mi pequeña contribución a la compresión literaria de la gramática.
El hombre-llave
Era el hombre-llave del gobierno; estaba en todas partes, allí donde se le necesitara, abriendo paso al presidente: su despacho, las salas de reuniones, el Congreso... Hasta el Tesoro Público: lo abría todo.
Un día se asustaron, lo habían perdido. Lo buscaron por todas partes, en los ojos de las puertas, por si se había quedado atascado en alguno. El esfuerzo fue inútil, incluso rastrearlo con perros-policía.
Cundió el pánico; a punto estuvo el presidente de renunciar al puesto...
Suerte que Número-dos, siempre alerta, confesó que había tomado la precaución de clonarlo.
I. Martínez
Composición
Compuestos ortográficos
Inicio un nuevo y apasionante apartado: "Gramática Parda" (lo sé, soy poco original y creo que me copié de Juan García Hortelano, qué le voy a hacer, no soy un genio), donde espero aportar mi pequeña contribución a la compresión literaria de la gramática.
El hombre-llave
Era el hombre-llave del gobierno; estaba en todas partes, allí donde se le necesitara, abriendo paso al presidente: su despacho, las salas de reuniones, el Congreso... Hasta el Tesoro Público: lo abría todo.
Un día se asustaron, lo habían perdido. Lo buscaron por todas partes, en los ojos de las puertas, por si se había quedado atascado en alguno. El esfuerzo fue inútil, incluso rastrearlo con perros-policía.
Cundió el pánico; a punto estuvo el presidente de renunciar al puesto...
Suerte que Número-dos, siempre alerta, confesó que había tomado la precaución de clonarlo.
I. Martínez
jueves, 4 de junio de 2009
domingo, 16 de noviembre de 2008
In memoriam
Hoy, 16 de noviembre de 2008, Rufina Serna Moreno cumpliría 95 años.
Ya van seis de ausencias y el olvido sigue insistiendo,
pero nosotros, que llevamos lo más valioso de ti en las venas, le negamos la voz.
Hoy, como siempre, mi sangre te celebra.
Porque hiciste del mundo
un jardín habitable,
grito tus genes,
mi memoria.
I. Martínez
Ya van seis de ausencias y el olvido sigue insistiendo,
pero nosotros, que llevamos lo más valioso de ti en las venas, le negamos la voz.
Hoy, como siempre, mi sangre te celebra.
Porque hiciste del mundo
un jardín habitable,
grito tus genes,
mi memoria.
I. Martínez
Cerrad al sueño las puertas
No preguntarme nada. He visto que las cosas
cuando buscan su pulso encuentran su vacío.
Federico García Lorca
Cerrad al sueño las puertas
que tiene miedo. Terror
al latido.
Cierro los ojos y existo.
En el abismo de un sueño,
pájaros que no han sido abren las alas
y rompen el silencio,
quietud del mito.
Tras el cristal que se acuesta,
el desorden no vivido,
la esperanza de un tiempo
menos breve...
El meandro no detiene su discurso.
izar velas en la mínima
expresión del desamparo,
-dormirse-
cerrar la puerta.
I. Martínez
viernes, 7 de noviembre de 2008
domingo, 26 de octubre de 2008
Neruda aniversario
En realidad, no es que -que yo sepa-haya por estas fechas ningún aniversario de Pablo Neruda, pero como es un poeta que me acompaña desde hace mucho tiempo, que a mí me gusta mucho, y el blog está últimamente un poquito estático, me apetecía dejar por aquí alguno de sus versos.
Hay un librito suyo muy chiquito, que se lee de un tirón y a mí me encanta, se llama Los versos del capitán. Neruda publicó por primera vez este libro de forma anónima y en Italia, en 1952. Tiene un conjunto de poemas en que el poeta se metamorfosea en un animal y se dirige a su amada desde los rasgos que con él lo identifican. Aquí una muestra, que lo disfrutéis.
EL INSECTO
De tus caderas a tus pies
quiero hacer un largo viaje.
Soy más pequeño que un insecto.
Voy por estas colinas,
son de color de avena,
tienen delgadas huellas
que sólo yo conozco,
centímetros quemados,
pálidas perspectivas.
Aquí hay una montaña.
No saldré nunca de ella.
Oh qué musgo gigante!
Y un cráter, una rosa
de fuego humedecido!
Por tus piernas desciendo
hilando una espiral
o durmiendo en el viaje
y llego a tus rodillas
de redonda dureza
como a las cimas duras
de un claro continente.
Hacia tus pies resbalo,
a las ocho aberturas,
de tus dedos agudos,
lentos, peninsulares,
y de ellos al vacío
de la sábana blanca
caigo, buscando ciego
y hambriento tu contorno
de vasija quemante!
Los versos del capitán
Pablo Neruda
Hay un librito suyo muy chiquito, que se lee de un tirón y a mí me encanta, se llama Los versos del capitán. Neruda publicó por primera vez este libro de forma anónima y en Italia, en 1952. Tiene un conjunto de poemas en que el poeta se metamorfosea en un animal y se dirige a su amada desde los rasgos que con él lo identifican. Aquí una muestra, que lo disfrutéis.
EL INSECTO
De tus caderas a tus pies
quiero hacer un largo viaje.
Soy más pequeño que un insecto.
Voy por estas colinas,
son de color de avena,
tienen delgadas huellas
que sólo yo conozco,
centímetros quemados,
pálidas perspectivas.
Aquí hay una montaña.
No saldré nunca de ella.
Oh qué musgo gigante!
Y un cráter, una rosa
de fuego humedecido!
Por tus piernas desciendo
hilando una espiral
o durmiendo en el viaje
y llego a tus rodillas
de redonda dureza
como a las cimas duras
de un claro continente.
Hacia tus pies resbalo,
a las ocho aberturas,
de tus dedos agudos,
lentos, peninsulares,
y de ellos al vacío
de la sábana blanca
caigo, buscando ciego
y hambriento tu contorno
de vasija quemante!
Los versos del capitán
Pablo Neruda
viernes, 10 de octubre de 2008
Miguel Hernández. El hambre
Hoy os dejo un poema de Miguel Hernández, para no olvidar a quienes están peor que nosotros, para no dejarnos llevar en esa marea, ya tan cotidiana, del capitalismo.
"Ayudadme a ser hombre: no me dejéis ser fiera
hambrienta, encarnizada, sitiada eternamente."
M. Hernández
EL HAMBRE
I
Tened presente el hambre: recordad su pasado
turbio de capataces que pagaban en plomo.
Aquel jornal al precio de la sangre cobrado,
con yugos en el alma, con golpes en el lomo.
El hambre paseaba sus vacas exprimidas,
sus mujeres resecas, sus devoradas ubres,
sus ávidas quijadas, sus miserables vidas
frente a los comedores y los cuerpos salubres.
Los años de abundancia, la saciedad, la hartura,
eran sólo de aquellos que se llamaban amos.
Para que venga el pan justo a la dentadura
del hambre de los pobres aquí estoy, aquí estamos.
Nosotros no podemos ser ellos, los de enfrente,
los que entienden la vida por un botín sangriento:
como los tiburones, voracidad y diente,
panteras deseosas de un mundo siempre hambriento.
Años del hambre han sido para el pobre sus años.
Sumaban para el otro su cantidad los panes.
Y el hambre alobadaba sus rapaces rebaños
de cuervos, de tenazas, de lobos, de alacranes.
Hambrientamente lucho yo, con todas mis brechas,
cicatrices y heridas, señales y recuerdos
del hambre, contra tantas barrigas satisfechas:
cerdos con un origen peor que el de los cerdos.
Por haber engordado tan baja y brutalmente,
más abajo de donde los cerdos se solazan,
seréis atravesados por esta gran corriente
de espigas que llamean, de puños que amenazan.
No habéis querido oír con orejas abiertas
el llanto de millones de niños jornaleros.
Ladrábais cuando el hambre llegaba a vuestras puertas
a pedir con la boca de los mismos luceros
En cada casa, un odio como una higuera fosca,
como un tremante toro con los cuernos tremantes,
rompe por los tejados, os cerca y os embosca,
y os destruye a cornadas, perros agonizantes.
II
El hambre es el primero de los conocimientos:
tener hambre es la cosa primera que se aprende.
Y la ferocidad de nuestros sentimientos,
allá donde el estómago se origina, se enciende.
Uno no es tan humano que no estrangule un día
pájaros sin sentir herida en la conciencia:
que no sea capaz de ahogar en nieve fría
palomas que no saben si no es de la inocencia.
El animal influye sobre mí con extremo,
la fiera late en todas mis fuerzas, mis pasiones.
A veces, he de hacer un esfuerzo supremo
para acallar en mí la voz de los leones.
Me enorgullece el título de animal en mi vida,
pero en el animal humano persevero.
Y busco por mi cuerpo lo más puro que anida,
bajo tanta maleza, con su valor primero.
Por hambre vuelve el hombre sobre los laberintos
donde la vida habita siniestramente sola.
Reaparece la fiera, recobra sus instintos,
sus patas erizadas, sus rencores, su cola.
Arroja sus estudios y la sabiduría,
y se quita la máscara, la piel de la cultura,
los ojos de la ciencia, la corteza tardía
de los conocimientos que descubre y procura.
Entonces solo sabe del mal, del exterminio.
Inventa gases, lanza motivos destructores,
regresa a la pezuña, retrocede al dominio
del colmillo, y avanza sobre los comedores.
Se ejercita en la bestia, y empuña la cuchara
dispuesto a que ninguno se le acerque a la mesa.
Entonces sólo veo sobre el mundo una piara
de tigres, y en mis ojos la visión duele y pesa.
Yo no tengo en el alma tanto tigre admitido,
tanto chacal prohijado, que el vino que me toca,
el pan, el día, el hambre no tenga compartido
con otras hambres puestas noblemente en la boca.
Ayudadme a ser hombre: no me dejéis ser fiera
hambrienta, encarnizada, sitiada eternamente.
Yo, animal familiar, con esta sangre obrera
os doy la humanidad que mi canción presiente.
de El hombre acecha (1937-1939)
Miguel Hernández
"Ayudadme a ser hombre: no me dejéis ser fiera
hambrienta, encarnizada, sitiada eternamente."
M. Hernández
EL HAMBRE
I
Tened presente el hambre: recordad su pasado
turbio de capataces que pagaban en plomo.
Aquel jornal al precio de la sangre cobrado,
con yugos en el alma, con golpes en el lomo.
El hambre paseaba sus vacas exprimidas,
sus mujeres resecas, sus devoradas ubres,
sus ávidas quijadas, sus miserables vidas
frente a los comedores y los cuerpos salubres.
Los años de abundancia, la saciedad, la hartura,
eran sólo de aquellos que se llamaban amos.
Para que venga el pan justo a la dentadura
del hambre de los pobres aquí estoy, aquí estamos.
Nosotros no podemos ser ellos, los de enfrente,
los que entienden la vida por un botín sangriento:
como los tiburones, voracidad y diente,
panteras deseosas de un mundo siempre hambriento.
Años del hambre han sido para el pobre sus años.
Sumaban para el otro su cantidad los panes.
Y el hambre alobadaba sus rapaces rebaños
de cuervos, de tenazas, de lobos, de alacranes.
Hambrientamente lucho yo, con todas mis brechas,
cicatrices y heridas, señales y recuerdos
del hambre, contra tantas barrigas satisfechas:
cerdos con un origen peor que el de los cerdos.
Por haber engordado tan baja y brutalmente,
más abajo de donde los cerdos se solazan,
seréis atravesados por esta gran corriente
de espigas que llamean, de puños que amenazan.
No habéis querido oír con orejas abiertas
el llanto de millones de niños jornaleros.
Ladrábais cuando el hambre llegaba a vuestras puertas
a pedir con la boca de los mismos luceros
En cada casa, un odio como una higuera fosca,
como un tremante toro con los cuernos tremantes,
rompe por los tejados, os cerca y os embosca,
y os destruye a cornadas, perros agonizantes.
II
El hambre es el primero de los conocimientos:
tener hambre es la cosa primera que se aprende.
Y la ferocidad de nuestros sentimientos,
allá donde el estómago se origina, se enciende.
Uno no es tan humano que no estrangule un día
pájaros sin sentir herida en la conciencia:
que no sea capaz de ahogar en nieve fría
palomas que no saben si no es de la inocencia.
El animal influye sobre mí con extremo,
la fiera late en todas mis fuerzas, mis pasiones.
A veces, he de hacer un esfuerzo supremo
para acallar en mí la voz de los leones.
Me enorgullece el título de animal en mi vida,
pero en el animal humano persevero.
Y busco por mi cuerpo lo más puro que anida,
bajo tanta maleza, con su valor primero.
Por hambre vuelve el hombre sobre los laberintos
donde la vida habita siniestramente sola.
Reaparece la fiera, recobra sus instintos,
sus patas erizadas, sus rencores, su cola.
Arroja sus estudios y la sabiduría,
y se quita la máscara, la piel de la cultura,
los ojos de la ciencia, la corteza tardía
de los conocimientos que descubre y procura.
Entonces solo sabe del mal, del exterminio.
Inventa gases, lanza motivos destructores,
regresa a la pezuña, retrocede al dominio
del colmillo, y avanza sobre los comedores.
Se ejercita en la bestia, y empuña la cuchara
dispuesto a que ninguno se le acerque a la mesa.
Entonces sólo veo sobre el mundo una piara
de tigres, y en mis ojos la visión duele y pesa.
Yo no tengo en el alma tanto tigre admitido,
tanto chacal prohijado, que el vino que me toca,
el pan, el día, el hambre no tenga compartido
con otras hambres puestas noblemente en la boca.
Ayudadme a ser hombre: no me dejéis ser fiera
hambrienta, encarnizada, sitiada eternamente.
Yo, animal familiar, con esta sangre obrera
os doy la humanidad que mi canción presiente.
de El hombre acecha (1937-1939)
Miguel Hernández
martes, 30 de septiembre de 2008
La vida
A esa hora, como todos los días, podría salir a comer y, como todos los días, elegiría una franquicia de comida rápida donde poder devorar un sándwich envasado de cualquier sabor, con tal de que lleve un poco de lechuga que lo haga parecer ficticiamente saludable.
Texto y foto:
Como todos los días, inventará alguna excusa para acercarse a la plaza y merodear en torno al colegio. Y, como siempre, ella no estará allí, habrá salido a comer con algunas compañeras o quizá con su novio, ese estúpido de americana de pana y pantalón de pinzas.
Perderá casi una hora en revisar cada uno de los rincones de la plaza y, como es habitual, volverá a la oficina sin haberse cruzado con ella, al menos conscientemente, sin haber visto, aunque fuera de lejos, sus hermosos ojos pardos.
Tal vez, como algunas veces, se haya parado en un café a pedir un cortado, se haya sentado junto a la ventana y haya contemplado al viejo vagabundo alimentar a los gorriones. O, quizá, el vagabundo haya muerto y por eso no lo ha visto pasar, porque debería estar allí con su carrito del supermercado aireando su miseria, por si alguien se apiada y le echa unas monedas. Pero nadie se apiada, piensa con la mirada perdida en la distancia, aquí todos tenemos nuestra vida, cada cual a su rollo con sus pequeñeces.
No le gusta pensar demasiado en los que están peor que él, porque suele parecerle que cuando uno se tiene que preocupar por comer no tiene tiempo de pensar en otras cosas, lo que en el fondo es un alivio. Si él tuviera que mover todas sus posesiones en un carrito con ruedas, tal vez, no tendría que acordarse de Laura y de lo bien que le sientan las medias de redecilla negras, cuando lleva una falda de tubo y una blusa con los primeros botones desabrochados, y puede casi imaginar el olor de su piel, la apacible sensación de dejarse mecer, apoyado en su pecho, por el ritmo de su respiración...
Menos mal que el café tiene un reloj antiguo de cuco que alerta de la hora; podría haberse dejado llevar por sus pensamientos y haber olvidado regresar a la oficina. Seguramente, ya llegará 10 minutos tarde y el inútil del supervisor pondrá el grito en el cielo reclamando informes que hace una semana entregó puntual, porque eran urgentísimos. Evitará mirarle a los ojos mientras le discute, le jura que no se los ha dado, porque siempre que se altera sin motivo bizquea un poco y pone una expresión tan estúpida que invita a reirse en sus morros.
Después del chaparrón, aguantado más por indiferencia que por estoicismo, enterrará otras dos horas entre papeles sin sustancia, mientras Laura sonríe a los preescolares y les hace muñecos de plastilina o juegos manuales con papeles cebolla multicolores, representando planetas, mariposas y esos extraños conejos que parecen osos, o esos osos que parecen perritos labradores, o esos perritos que tienen sonrisa de gato montés, o ese gato doméstico que tiene las patas traseras demasiado estilizadas y que semeja un hombrecito con cabeza y bigotes de gato, que tiene manos y sostiene una espada de madera.
Tal vez, con un poco de suerte, haya podido burlar la vigilancia del supervisor y escaparse quince minutos antes, para llegar justo cuando se encienden las farolas en el parque y el vagabundo, que al final no se ha muerto, comienza el camino de regreso a no se sabe dónde, y todo parece iluminado con esa amable extrañeza con que los actos sencillos se repiten, por repetirse, simplemente, sin otro fin que su propia inercia: como la vida. Su vida.
Perderá casi una hora en revisar cada uno de los rincones de la plaza y, como es habitual, volverá a la oficina sin haberse cruzado con ella, al menos conscientemente, sin haber visto, aunque fuera de lejos, sus hermosos ojos pardos.
Tal vez, como algunas veces, se haya parado en un café a pedir un cortado, se haya sentado junto a la ventana y haya contemplado al viejo vagabundo alimentar a los gorriones. O, quizá, el vagabundo haya muerto y por eso no lo ha visto pasar, porque debería estar allí con su carrito del supermercado aireando su miseria, por si alguien se apiada y le echa unas monedas. Pero nadie se apiada, piensa con la mirada perdida en la distancia, aquí todos tenemos nuestra vida, cada cual a su rollo con sus pequeñeces.
No le gusta pensar demasiado en los que están peor que él, porque suele parecerle que cuando uno se tiene que preocupar por comer no tiene tiempo de pensar en otras cosas, lo que en el fondo es un alivio. Si él tuviera que mover todas sus posesiones en un carrito con ruedas, tal vez, no tendría que acordarse de Laura y de lo bien que le sientan las medias de redecilla negras, cuando lleva una falda de tubo y una blusa con los primeros botones desabrochados, y puede casi imaginar el olor de su piel, la apacible sensación de dejarse mecer, apoyado en su pecho, por el ritmo de su respiración...
Menos mal que el café tiene un reloj antiguo de cuco que alerta de la hora; podría haberse dejado llevar por sus pensamientos y haber olvidado regresar a la oficina. Seguramente, ya llegará 10 minutos tarde y el inútil del supervisor pondrá el grito en el cielo reclamando informes que hace una semana entregó puntual, porque eran urgentísimos. Evitará mirarle a los ojos mientras le discute, le jura que no se los ha dado, porque siempre que se altera sin motivo bizquea un poco y pone una expresión tan estúpida que invita a reirse en sus morros.
Después del chaparrón, aguantado más por indiferencia que por estoicismo, enterrará otras dos horas entre papeles sin sustancia, mientras Laura sonríe a los preescolares y les hace muñecos de plastilina o juegos manuales con papeles cebolla multicolores, representando planetas, mariposas y esos extraños conejos que parecen osos, o esos osos que parecen perritos labradores, o esos perritos que tienen sonrisa de gato montés, o ese gato doméstico que tiene las patas traseras demasiado estilizadas y que semeja un hombrecito con cabeza y bigotes de gato, que tiene manos y sostiene una espada de madera.
Tal vez, con un poco de suerte, haya podido burlar la vigilancia del supervisor y escaparse quince minutos antes, para llegar justo cuando se encienden las farolas en el parque y el vagabundo, que al final no se ha muerto, comienza el camino de regreso a no se sabe dónde, y todo parece iluminado con esa amable extrañeza con que los actos sencillos se repiten, por repetirse, simplemente, sin otro fin que su propia inercia: como la vida. Su vida.
Texto y foto:
Isabel Martínez Poyatos
lunes, 22 de septiembre de 2008
Mujeres del Barrio de Las Letras. Recorrido histórico literario
Una amiga me ha informado de una actividad cultural que os puede interesar. Será el sábado 27 de septiembre de 2008, a las 11 de la mañana. Se sale de la Plaza de las Cortes, junto a la estatua de Cervantes.
Se trata de un recorrido por la vida de algunas de las mujeres que vivieron y transitaron por el madrileño Barrio de Las letras: Marta de Nevares 'Amarilis', Catalina Salazar, Sor Marcela de San Félix y las hermanas del Convento de las Trinitarias, las prostitutas y mancebas, María Calderón 'La Calderona' y las comediantas de los Corrales de Comedias.
Recorrido: Plaza de Las Cortes, Iglesia de Medinacelli, calle Cervantes, calle del Príncipe, calle Lope de Vega, calle Huertas, Plaza de Santa Ana.
Si os queréis inscribir escribid a: correo@carpetaniamadrid.com indicando la visita "Mujeres del Barrio de las Letras". Inscribíos sólo si estáis seguros de ir, ya que si no limitaríais la posibilidad de ir a otras personas.
También podéis conseguir las entradas por atrápalo con el 11% de descuento: http://www.atrapalo.com/actividades/evento-19489-mujeres-del-barrio-de-las-letras
Se trata de un recorrido por la vida de algunas de las mujeres que vivieron y transitaron por el madrileño Barrio de Las letras: Marta de Nevares 'Amarilis', Catalina Salazar, Sor Marcela de San Félix y las hermanas del Convento de las Trinitarias, las prostitutas y mancebas, María Calderón 'La Calderona' y las comediantas de los Corrales de Comedias.
Recorrido: Plaza de Las Cortes, Iglesia de Medinacelli, calle Cervantes, calle del Príncipe, calle Lope de Vega, calle Huertas, Plaza de Santa Ana.
Si os queréis inscribir escribid a: correo@carpetaniamadrid.com indicando la visita "Mujeres del Barrio de las Letras". Inscribíos sólo si estáis seguros de ir, ya que si no limitaríais la posibilidad de ir a otras personas.
También podéis conseguir las entradas por atrápalo con el 11% de descuento: http://www.atrapalo.com/actividades/evento-19489-mujeres-del-barrio-de-las-letras
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