martes, 28 de junio de 2011

Sin título


Allende, lejos, quizá...
La montaña impone su crecimiento cierto,
la gravedad de la caída
con que actúa la piedra
ajena a mi mano,
ignorante de mí
que subo sin decisión,
con el esfuerzo de los sueños perdidos.

Allá, el más allá
de la carne que grita,
los tambores de poblados inciertos
cuyos restos de barro
aún se agitan al aire
con las cenizas de las muertes
que yo misma acompaño
o creo en la mirada.

Cerca, en mí, la obsesión
de la vida fluyendo por las venas,
escapándose rauda al horizonte,
márcandome la piel con el hierro profundo
del sol que me contempla.

¿Cómo escapar del hambre o de las balas?
¿Cómo abrazar un instante feliz
en tu pecho
con tanta hiel hirviendo en derredor,
con tanto cansancio de versos
que nada cambian?

Tal vez sí...
Déjame que penetre en tus ojos
con un lirio claro,
con un pequeño insecto que se frota las patas
esparciendo la vida,
soñando un mundo verde
donde los hombres
desnuden sus cabellos,
hastiados de tesoros,
extiendan sus alas,
creyentes otra vez
en la ilusión del vuelo.

I. Martínez

2 comentarios:

Elena Conchello dijo...

Muy bello amiga.

Un beso!

Javier Mendieta dijo...

Me ha gustado mucho este poema. Un placer haber dado contigo. Un abrazo.