viernes, 8 de agosto de 2008

El día del miedo

Llega un día en que el tacto se convierte en cuchillo
y la boca se seca. Los labios se desprenden a mordiscos
cuando los besos sangran y lleva el alma el peso
de un latido que se extingue.
Inútil, entonces, el corazón:
no canta y se estremece de frío.
Oh, triste de ti si llega el día,
si la piel se te rompe como uno de esos cauces del estío
donde cada señal es el profundo hueco de una arruga
de tiempo, o de ese amor
que se fue sin sentirlo en la caricia rechazada
del miedo a vivir.


Isabel Martínez Poyatos

2 comentarios:

Natalia dijo...

Nunca fui diplomática para estas cosas. No es que cuando algo no me gusta lo diga, sencillamente no digo nada. A veces sé que mi silenio resulta atronadoramente doloroso... incluso para mi. Pero cuando hablo es porque se me han removido todos los sentidos. Y hablo porque quiero, porque soy libre de alabarte. Cada diminuto poro de mi cuerpo se ha erizado. Porque me gusta lo que haces. Me gusta "El día del miedo".
Me gusta.

Isabel Martínez dijo...

Es hermoso sentirse acompañado, sentir que uno extiende su boca y dice una palabra y otro ser no se sabe desde dónde está dispuesto a recibir lo que entregamos. Muchas gracias, Natalia, por leer y por hacerte presente desde el otro lado.